ISLA DE NIEBLA
de Santos Domingez Ramos
Mientras la tarde traza sus ángulos de sombra
sobre el ajedrezado país de la azotea,
navega tu tristeza por un frío de ginebra
con muchachos que gimen sobre el mar del deseo,
sobre el limón amargo de otra tarde sin cauce.
Por prismas de penumbra y lobos en acecho
ha ido cayendo el día, otro día de arena,
sobre la aguada leve de la luz del invierno.
Deja esa luz vestigios y el liquen de las gárgolas
deja la persistencia de las lluvias antiguas.
Los límites del sueño son de cristal y llegan
por el desierto frío de un corazón de nieve
al vértice de hielo de esta noche callada.
Todo es espacio aquí, toda la historia en ella
erguida en la memoria mojada del recuerdo.
Fuente de las tormentas que brota en la espesura
en el limo, en lo hondo, donde lo más oscuro.
También es lento el mar
en las tardes de plomo y en su denso oleaje.
Oye detrás del sueño,
en los mudables dedos de la brisa,
los hondos manaderos de la noche
con su rumor de cuevas y su oscura garganta.
Derrotado paisaje que inunda el corazón
como la forma incierta de una vieja costumbre.
A una isla entre la niebla te llama su veneno.
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